España, México, Opinión, Transterrados

Comprendernos y no juzgarnos: ¿cómo posicionarnos en la relación entre América Latina y España?

Las y los españoles sentimos culpa con nuestro pasado. No sabemos muy bien qué ocurrió en la colonización. Muchos de nosotros y nosotras estudiamos libros de texto donde la colonización la hizo un supuesto “héroe” llamado Colón, al más estilo romántico-moderno del siglo XIX. Una figura que, cual héroe homérico, conquista gran parte de un continente, de la forma más contingente posible, pues iba a la India. Las y los españoles de izquierda sentimos vergüenza de ese pasado oscuro de la Edad Media, donde se perseguían ideas, donde se quemaban a científicos, escritores, etc. La historia que nos cuentan en los colegios es que los dos reinos, el de Castilla y el de Aragón, se unieron. Pareciera el inicio de un Estado-Nación, cuando ni siquiera existía ese concepto. La historia que se presenta en los colegios se cuenta de forma continua, sin matizaciones, anacrónica hasta más no poder. Pero la mayoría de nosotras y nosotros vamos con esa pequeña y simplista historia por el mundo y no sabemos cómo defendernos. Pues los libros de historia para el colegio ayudan poco a pensar. Se trata, en el mejor de los casos, de memorizar.

Me diréis que para qué cuento algo así, si ya lo sabéis. La historia se cuenta de forma simplista para todos, para los latinoamericanos también. Ni España ni América Latina saben cómo contar esta parte de la historia. Como sabéis, la historia no es una. No es universal como nos hacen creer cuando nos dan únicamente historia europea. La historia es un conjunto de relatos –en muchos casos– múltiples, cruzados y contingentes, que sirven para reducir complejidad y, dependiendo del país, se resaltan unos acontecimientos y no otros. En América Latina, se exalta la independencia como algo puro. Es el éxito de un pueblo al imponer su soberanía. En España, se exaltan las supuestas conquistas de un reino y los tesoros conquistados (que a muchos nos da vergüenza y culpa, algo bastante católico, por otra parte). Aunque algo de “verdad” hay en ambos relatos, la historia nunca fue del todo así. Hay más “verdades” por entender y comprender, que en muchas ocasiones se nos escapan. Para mí, española de izquierdas que reside en México, esto ha sido un ir y venir.

No quiero tener un trato diferenciado por ese oscuro pasado. Las y los mexicanos de derecha se sienten identificados al instante conmigo, pues suelen creer que España llevó la “civilización” a su pueblo. En lo más profundo de mi ser he rechazado siempre los binomios civilización-barbarie, retraso-progreso, pueblo conquistado-pueblo liberado; así como todos los binomios posibles que sirven para andar por casa, pero que no nos permiten comprender la realidad de forma compleja, con matices y saltos. Para alguien como yo, de izquierdas, me gustaría tener el apoyo de las y los mexicanos de izquierda, pero para ellos y ellas son un pueblo liberado, gracias a la expulsión de los españoles, gracias a la Independencia (siempre en mayúsculas) de su pueblo. Parte de la izquierda mexicana entiende esto, siempre que se haya problematizado el problema. Escribir sobre esto es, siempre, complicado. Porque no tienes el apoyo de nadie. Parecieras una loca intentando pensar cosas de otra manera, intentando dar nuevos sentidos a algo que ya está demasiado sedimentado y establecido. Nos gusta creer que fue el pueblo quien comenzó esa liberación frente a un reinado (que los y las españoles de izquierdas negamos e incluso rechazamos). Pero una de las posibles “verdades” es que esa Independencia –con mayúsculas– fue posible también por españoles que estaban en contra de la corona, por aquellos “criollos”, hijos de españoles, que se opusieron al reinado.

A día de hoy, la relación con España es difícil. Es una relación de amor-odio donde el español o española que rechace su pasado no sabe dónde situarse. Los españoles y españolas que quieren vivir en América Latina y son de izquierdas sienten la necesidad de vivir ejemplarmente. Rechazando, una y otra vez, ese pasado oscuro, que la derecha de nuestro país repite incesantemente. Sentimos vergüenza y culpa tan a menudo que nos dedicamos a negar y criticar ese pasado nefasto y oscuro. Si las empresas multinacionales españolas incurren –como multinacionales que son– en tratar de forma desigual, al imponer bajos salarios, al maltratar a los y las trabajadoras mexicanos y mexicanas. Como españoles sentimos vergüenza y hacemos un esfuerzo ejemplar por distanciarnos de esto. Pocas veces nos damos cuenta de que esas mismas medidas también las sufren los y las españoles al interior del país. No se trata sólo de un asunto de conquista, se trata de un asunto que todos y todas deberíamos denunciar.

Hace unas semanas se produjo la estatización de YPF en Argentina. La derecha española utilizó el tan maniqueo concepto de la “nación” para tomarlo como un ataque al país y configuró, así, el enemigo exterior argentino. Durante siglos, la relación de Argentina y España ha sido especial. Los y las argentinas tienen abuelos(as), padres y madres españoles(as). Consideran que, gran parte de su pasado, reside en la relación con España. La cultura argentina considera que los y las argentinos “descienden de los barcos” y que su relación con la migración es constante. Son hijos, nietos, biznietos de migrantes. Atilio Borón, en un magnífico escrito llamado “España, ¿cuál España?”, hacía un guiño a los y las españolas de izquierdas. Por primera vez, en mucho tiempo, me sentí acogida y aceptada. Parecía como si alguien a quien no creo que tenga nunca el gusto de conocer personalmente, hubiera leído mi mente. Desde la nacionalización de YPF, los medios de comunicación masivos en España escriben, hablan y piensan en contra de Argentina. Cuestionan a Cristina Fernández de Kirchner y se preocupan más que nunca por los fracasos de este gobierno. Pues bien, yo quiero decir a esa España miope, que Cristina y Néstor consiguieron, a través de sus gobiernos y en muy poco tiempo, salir de la crisis política y económica de principios del siglo XXI. Ojalá alguno de los presidentes o políticos de mi país, España, hicieran lo mismo. Los Kirchner sacaron a Argentina de la crisis de 2001, con dificultades –¡qué duda cabe!–, pero lo hicieron. Quizás, algún día, los y las españoles que nos hemos educado con esos libros de historia simplista seamos capaces de comprender mejor la “realidad” latinoamericana. Sin tener la necesidad de sentirnos superiores ni inferiores. Ojalá algún día veamos a nuestro pueblo hermano, América Latina, como un lugar para aprender a pensar la política, más allá de nuestras fronteras viejas y reducidas. Ojalá algún día nuestra mirada no sea tan cortoplacista y seamos capaces de mirar lejos y a lo lejos. Ojalá algún día mi país, mi pueblo, responda como lo hizo el pueblo argentino. Ojalá algún día la supuesta izquierda española deje de ver con malos ojos los nuevos gobiernos de izquierda que se presentan en América Latina.

Hace pocas semanas, también, la prensa empezó a denunciar los “inadmitidos” latinoamericanos en España. Me sorprendió gratamente que esto comience a darse. Sin embargo, esto no es nuevo. Viene de años atrás. Me alegra saber que esto comienza a denunciarse. Me entristece ver, por el contrario, que la mayoría de denuncias –de españoles y latinoamericanos– vengan desde el lado de la “invasión” y “colonización”. ¿Es necesario recurrir hasta aquí? ¿Para denunciar lo que ocurre hoy tenemos que volver al pasado? No niego que parte de entender el presente consista en entender el pasado. No podemos más que mirar al pasado desde el presente. Un presente equívoco y heterogéneo. Me gustaría llamar, desde aquí, si es posible, a que busquemos comprendernos de otra manera, a que salgamos de los binarismos reduccionistas, a que pensemos la historia y los relatos que en ella se presentan de forma múltiple y heterogénea. Me gustaría pedir que abriéramos la mente y el alma para escucharnos y no juzgarnos tan rápidamente. Prepararnos para ser más hermanos y aliados.

Cada vez que ocurre algún altercado entre algún país latinoamericano y España, todos, españoles y latinoamericanos, recurrimos al pasado. Recurrimos a la colonización tan odiada y odiosa. ¿Algún día dejaremos de pensar en estos términos? ¿Algún día veremos qué nos une, en vez de que nos diferencia? ¿Algún día nos atreveremos a mirar el pasado sin odios? ¿Algún día los y las españolas de izquierdas dejaremos de sentir vergüenza y culpa? ¿Algún día podremos salir de esta parte de la historia simplista y reducida? ¿Es siempre necesario que cada vez que el gobierno español toma una mala decisión, los españoles de a pie recurramos a denunciar la colonización? ¿Es necesario ir tan lejos? A mí, América Latina, me abrió siempre las puertas. Siempre pude entrar y ser bienvenida al país en el que resido, México.

Fuente: Transterrados

Comentarios

2 comentarios en “Comprendernos y no juzgarnos: ¿cómo posicionarnos en la relación entre América Latina y España?

  1. De Argentina no deberías hablar, ya que evidentemente no residís en el país. Los Kirchner no sacaron al país de la crisis sino que la estabilizaron. Su patrimonio aumentó en niveles nunca vistos (tienen una serie de hoteles en la zona más cara, la Patagonia). Y ahora se supo que se llevaron dólares hacia otros rumbos…
    ¡Googlealo e informate!

    Publicado por Valeria | enero 20, 2014, 8:36 pm
  2. Creo que es imposible el dejar de lado el pasado, es necesario pero imposible. Sobretodo por que con sus leyes y su continua prepotencia de una gran parte de los españoles, siguen demostrando creerse una “raza” superior.
    A mi gusto es muy difícil que esa etapa de la historia sea olvidada y mas aún por que como tu lo mencionas gran parte de los españoles continua viendo “La conquista” con romanticismo y no como lo que en verdad fue (la masacre y esclavización de un pueblo).

    Publicado por José Castrejón | junio 25, 2014, 8:42 am

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