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Desaparece “El Refugio” y con él, muchas aspiraciones al “retorno” de los emigrantes españoles

Dicen que las raíces nunca se pierden y que la fuerza de atracción de la tierra de origen siempre está activa. Es lo que les sucedió a los ancianos que viven en ‘El Retorno’, una residencia que se abrió para albergar a los ‘niños de la guerra’ que volvieron a España en su Tercera Edad. Pero las ganas de ayudar a los que lo necesitan se topan hoy con la cruda realidad. El centro está en la ruina, las ayudas estatales no son suficientes y en cuestión de días echarán el cierre.

Jordi Alsira es uno de los 19 residentes de este centro, situado en el pueblo madrileño de Alalpardo. Se marchó de España con 13 años, en plena Guerra Civil, “porque todo el mundo estaba en peligro”. Lo hizo acompañado de su familia y con rumbo a Francia. Pero, enseguida se lanzaron a ‘hacer las Américas’. Un barco, más de 20 días de trayecto y acabaron en las Antillas. De ahí, múltiples viajes hasta llegar a Chicago, su último destino americano.

“Me ofrecieron darme la nacionalidad estadounidense pero yo no quería cambiar la española. Al final, por la embajada de Washington, gestioné mi vuelta y aquí es donde quiero morir”, cuenta este barcelonés de 87 años.

Francisco Fueyo es algo más joven, tiene 74 años, y lleva cuatro en ‘El Retorno’. Él se marchó también a América, pero no huyendo de la guerra sino para conocer mundo. Tenía 30 años. La primera parada de este ingeniero, ahora retirado, fue México y desde allí, vueltas y vueltas por todo el continente hasta ‘frenar’ en Guatemala.

“Tenía una finca de café pero al final decidí volverme. Sabía que esta residencia era un lugar de paso pero ahora me temo que cualquier centro al que vaya será peor. Lo lógico es pensar que te van a llevar a una residencia con mucha gente y con algunos que tengan enfermedades, algo que no es agradable. Pero habrá que pelear para no caer en una depresión. Iré contento a donde me manden, ¿qué voy a hacer si no?”, pregunta este madrileño, mientras cruza los dedos para que lo lleven a un piso tutelado.

En el centro también vive un matrimonio que ha tenido la suerte de poder envejecer juntos: Clementina Sánchez y Francisco Alvarado, de 84 y 78 años, respectivamente. Ella se marchó de Madrid con su madre, después de perder a su padre en la guerra, y se instalaron en México. Allí, esta modista se enamoró de un pintor mexicano que vendía muchos cuadros en el centro asturiano de Polanco. Hace dos años, decidieron abandonar el D.F. rumbo a España. “No tenemos hijos y allí los gastos cada vez eran mayores. En la embajada nos ayudaron a tramitar el traslado a esta residencia. Hemos tenido mucha suerte hasta ahora, la verdad”, reconocen.

Víctimas de la crisis

Las de estos ancianos son tres historias de españoles que, por una razón u otra, emigraron y volvieron, como ellos dicen, “a pasar sus últimos días”. Pero también son tres ejemplos más de las consecuencias de la crisis que está viviendo España. A Consuelo Gala, directora de ‘El Retorno’, se le emborronan los ojos cuando reconoce que no han conseguido el dinero suficiente para seguir abiertos.

“Pertenecemos a la Fundación Gumiel. Es un centro de emergencia social que se abrió en 1989 para acoger a los ‘niños de la guerra civil’, tanto de México como de la ex Unión Soviética, y luego se extendió a emigrantes retornados sin recursos, en general”, destaca Gala.

Ella misma aclara por qué este proyecto, al que le ha dedicado los últimos 16 años, se ve obligado a decir adiós: “Mayoritariamente los ingresos son de fondos públicos. Dependemos de la Dirección General de las Migraciones, que pertenece al Ministerio de Empleo y Seguridad Social […] Este año nos comunicaron que el importe asignado eran 150.00 euros y luego se comprometieron verbalmente a darnos 100.000 euros más. Nuestro presupuesto es de 438.000 euros y, al no conseguir otras vías de financiación, tenemos que cerrar”.

“El segundo paso es que, si nosotros cerramos, algo habrá que hacer con estos residentes que han sido repatriados por ellos. La primera opción de la Dirección General de las Migraciones es realojarlos en sus Comunidades Autónomas pero eso no está sucediendo y a nosotros nos urge cerrar”, afirma Consuelo con indignación.

A la tragedia de no saber qué hacer con esta veintena de ancianos, que a su edad se ven haciendo las maletas sin saber ni cuándo ni dónde se van (nadie del Ministerio se ha puesto en contacto con ellos) se suma el de los ocho trabajadores del centro que ya no cobran y que engrosarán un poco más las listas del paro.

(María Sainz)

(Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/14/madrid/1339689905.html)

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